Menopausia ¿Por qué no disfrutarla?
Menopausia ¿Por qué no disfrutarla?
Por el Dr. Jorge R. Alonso*
* Médico. Prof. Facultad de Medicina de la UBA en los cursos de “Fitofármacos en la Clínica Diaria”, “Fitodermatología Estética” y “Alimentos Funcionales y Nutracéuticos”. Presidente de la Sociedad Latinoamericana de Fitomedicina. Prof. Adjunto de la Cátedra de Fitofarmacia de la Univ. Maimónides.
Entendemos por Menopausia a aquel período del ciclo vital de la mujer caracterizado por el cese de las menstruaciones (más precisamente se inicia luego de haber pasado un año del último período) y que coincide con una merma de la actividad hormonal. La edad de comienzo se sitúa generalmente entre los 45 y 52 años, aunque existen algunas excepciones. Como todos saben, el cese de la actividad hormonal no ocurre en forma repentina sino que es antecedido por una serie de síntomas y trastornos premonitorios conocidos como Climaterio, entre los que destacan alteraciones de la menstruación (alargamiento o acortamiento de los períodos), disminución de la libido, edemas, alteraciones emocionales, etc.
La llegada de la menopausia debe entenderse como una nueva etapa en la vida de la mujer y no como una antesala de la senectud. Tampoco es una enfermedad, como suelen apuntar algunos laboratorios productores de hormonas. En definitiva, podemos definir la menopausia como una etapa de madurez afectiva e intelectual, en donde acontece una merma normal en la producción hormonal de estrógenos, y en donde la experiencia acumulada en la vida se constituye en el principal tesoro de este nuevo ciclo. Incluso en muchas ocasiones, las mujeres que transitan por ella resultan más interesantes y tienen otros atractivos que las hacen sentir igualmente espléndidas.
Sin embargo, la aparición de algunos síntomas nuevos debe tomarse como parte de este cambio y no como señales de declinación. Uno de los síntomas clásicos suelen ser los calores o sofocos, que expresan esa alteración hormonal latente y normal de esta etapa. Simultáneamente pueden aparecer estados depresivos pasajeros, cefaleas o jaquecas, dolores articulares, pérdida mayor de calcio en los huesos, sequedad cutánea y vaginal, retención de líquido y tendencia al aumento de peso.
Lógicamente si no se toman cartas en el asunto, dichos síntomas expresivos de esta trasformación, pueden resultar molestos e incluso instalarse, lo cual aquí sí le daría un carácter preocupante a quien los padece. Sin embargo, la fuerza vital con la cual se debe encarar esta etapa de la vida, debe prevalecer y sobreponerse ante cualquier contingencia. No olvidarse que la menopausia expresa una situación de cambio y no una patología. Claro está que para poder enfrentar mejor este cambio, la actitud mental positiva podrá acompañarse con algunos productos que logren suavizar o atenuar todo ese cortejo sintomatológico molesto.
Los ginecólogos suelen recomendar a sus pacientes la toma de estrógenos sintéticos, entendiéndose que gran parte de estos cambios obedecen a la falta de respuesta hormonal a esta edad. Para ellos, la lógica indica que si el organismo no fabrica más estrógenos, habrá que administrarlos por alguna vía alternativa para continuar manteniendo la actividad hormonal de la mujer. ¿Los resultados?. Indudablemente las mujeres que reciben hormonoterapia por vía oral o inyectable experimentan mejorías subjetivas del estado de ánimo, con reducción del nivel de descalcificación y atenuación de los sofocos. Sin embargo, todo esto no es gratuito. En muchas ocasiones, y en especial con tratamientos muy prolongados, esos beneficios son ensombrecidos con la aparición de hipertensión arterial, várices, incremento de peso, trastornos hepáticos y, lo más grave, aparición de tumores hormonodependientes.
Ante esta disyuntiva el médico deberá evaluar costo/beneficio de dicha terapia. Muchos ginecólogos insisten en relativizar estos peligros aduciendo que el porcentaje en que se presentan es muy bajo. Sin embargo, para la paciente que le aparece un tumor de útero o de mama por la terapia hormonal, el porcentaje es del 100%. ¿Cómo le explicamos a ella que estadísticamente la probabilidad era muy baja?. ¿Cómo le hacemos entender que si ella no recibía dicha terapia muy probablemente no le hubiera pasado nada?. Todos estos interrogantes surgen ante hechos consumados donde poco ya se puede hacer.
Los médicos debemos recordar que hicimos un juramento Hipocrático, en el que uno de sus principales aforismos decía: Primum non nocere (lo primero es no dañar). En segunda instancia debemos pensar en las leyes naturales de nuestra existencia. Si en algún momento de la vida, el organismo deja de fabricar hormonas, por algo es. ¿Porqué ir entonces en contra de la naturaleza e introducir hormonas fuera de tiempo e intempestivamente?. Desde antiguo, el hombre supo interpretar el mensaje de la naturaleza a través del legado de las plantas. Ellas no solo están para darle vida y colorido a nuestro entorno, sino también para darnos alimento y medicamentos.
Por ejemplo, los chinos empleaban la angélica o don quai (Trifolium paratense) y la soja (Glycine max) para tratar estos síntomas de la menopausia. De ahí que se pudo constatar que en las poblaciones asiáticas, la menopausia transcurre casi inadvertida. Hoy día, los suplementos en base a isoflavonas de la soja (cápsulas, comprimidos) se han posicionado como una alternativa muy válida para este ciclo de la vida. Incluso las proteínas texturizadas de la soja, suelen dar muy buenos resultados en cuanto a la atenuación de síntomas menopáusicos. Un detalle no menor para esta etapa de la vida, se debe a que las isoflavonas mejoran el perfil lipídico en salvaguarda del aparato cardiovascular.
Las europeas suelen emplear la salvia (muy útil para la transpiración de las manos, y por sus efectos sedantes suaves). La Salvia lleva este nombre ya que deriva del latín salvare = salvar, en una clara apología de las virtudes de esta planta. Un viejo refrán español alegaba sobre ello: “…pensar que esta mujer ha muerto, ¡¡¡ teniendo salvia en su huerto….!!!”. La salvia puede tomarse en infusión o gotas. En algunos países europeos se comercializan antitranspirantes en base a esta planta.
Los nativos norteamericanos empleaban desde el siglo XVII la cimicífuga (Cimicifuga racemosa), una especie con gran cantidad de ensayos clínicos que validaron su eficacia en el control de calores y bochornos de la mujer. También el trébol rojo (Trifolium pratense) y el lúpulo (Humulus lupulus) han dado muy buenos resultados. Esta última planta contiene lupulino, que le da el sabor amargo característico a la cerveza. Presenta también efecto sedante suave, e inductor del sueño (algo que suele alterarse en la Menopausia).
La mayoría de las especies citadas contienen fitoestrógenos (hormonas vegetales que nos brinda la naturaleza), las cuales se han mostrado sumamente eficaces en controlar los síntomas de la menopausia, sin los efectos adversos de las hormonas de síntesis. Además, cuentan con un plus de beneficios ya que han demostrado reducir la incidencia de cáncer de colon, reducir el proceso de descalcificación, y los niveles de lípidos elevados. La posibilidad que nos brinda la ciencia en incorporar estas plantas a través de suplementos dietarios, tinturas o fitomedicamentos, hace que de una manera práctica y sencilla la mujer pueda incorporarlos dentro de su rutina diaria.
Entre los alimentos, debemos destacar más allá de la soja, a la alfalfa (consumirla en forma de brotes junto a brotes de soja), garbanzos, y la gran mayoría de los vegetales verdes (que en menor proporción, también son fuente de fitoestrógenos). Y entre las bebidas, podemos incluso incorporar (sin pasarnos de la medida) los vinos tintos Malbec: por ejemplo el vino de Bordeaux (Francia).
Respecto a los trastornos nerviosos que acontecen en esta época de la vida, podemos armonizar y equilibrar el sistema nervioso en base a especies como la valeriana, melisa o pasionaria, e incluso trabajar la depresión (que suele ser pasajera en estas circunstancias) con especies muy eficaces como el hipérico o hierba de San Juan.
Para finalizar, es preciso que las mujeres que transitan esta etapa de la vida estén informadas que existen tratamientos alternativos a los productos hormonales de síntesis. Estas alternativas indudablemente brindan no solo seguridad, sino también eficacia a la hora de incorporarlos. Paralelamente se recomienda realizar una dieta de tipo ovolacto-vegetariana, actividades recreativas y físicas que indudablemente le aportan un beneficio extra de indudable valor, que el cuerpo y la mente le agradecerán eternamente.
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